Morirnos solo de mayores…salud comunitaria

 

 

Crónica de la charla de Antonio Ruiz, médico de atención primaria en Colmenarejo, sobre medicina comunitaria.

Sábado 27 de enero 12-14h

Librería Grafos, Colmenarejo.

 

Lo cierto es que en Tejiendo Colmenarejo nos gusta la gente, nos gusta juntarnos e ir haciendo comunidad. Pero, ¿qué es eso de la comunidad? Es una interesante pregunta que nos podría llevar a un extenso artículo. Con ella comienza Antonio su ponencia, llena la sala a rebosar de vecinas y vecinos de nuestro pueblo, y llega a la conclusión de que no es difícil la respuesta. La comunidad la forman personas con un mismo proyecto, intereses comunes, ganas de apoyarse unas en otras.

¿Podría Tejiendo ser una comunidad?

 

   

 

Las historias siempre son iluminadoras.

Nos cuenta entonces Antonio que en una pequeña localidad de Pennsylvania (Estados Unidos) llamada Roseto, debido a que en su gran mayoría los habitantes son de ascendencia italiana,  dos doctores Steward Wolf y John Bruhn hicieron un increíble descubrimiento. ¿Por qué  llamó la atención esta localidad a estos médicos?

Era un momento en el que gran parte de la población moría de infartos y sin embargo allí, en esa localidad, nadie moría de afecciones cardíacas antes de los 75 años. ¿Eran más sanos? ¿Tenían mejores hábitos? Lo cierto era que no: comían, fumaban y bebían como todo estadounidense medio. La gran diferencia entre su vida y el resto de las personas de su época en Estados Unidos (en la década de los 60) era la gran cantidad de actividades colectivas y comunitarias: apoyo mutuo en la construcción de casas, clubes gastronómicos y pasar el tiempo juntos eran las recetas para una salud de hierro en la gente de Roseto. Podéis leer más en el libro The Roseto Story publicado por sus médicos 🙂

 

Precisamente ilustra muy bien lo ocurrido en Roseto el concepto de medicina comunitaria. La medicina comunitaria quiere traer las condiciones sociales y ambientales del paciente a la consulta. En nuestro código genético están escritas grandes cosas invariables, elementos que condicionarán nuestra salud, junto con nuestros hábitos; pero en nuestro código postal (es decir, el lugar donde vivimos) están escritos condicionantes de nuestra salud que la afectan en un 70%. Es importante tener hábitos saludables (comida, bebida, tabaco, deporte), pero existen también condicionantes que nos afectan mucho más (calidad de las relaciones, calidad del medio ambiente, condiciones laborales, educación) en nuestra salud de lo que solemos pensar.

La medicina comunitaria trata de comprender cómo este contexto afecta a una población y, en lo posible, a un paciente concreto.

Es cierto que no todos los problemas de salud se convierten en enfermedades claramente diagnosticables. La falta de sueño o los dolores de cabeza continuos no pueden convertirse en un diagnóstico fiel, nos explica Antonio, pero sí son importantes como dolencias que el médico de atención primaria debe atender, ya que causan sufrimiento en las personas. Además, nos cuenta, existe una perversión (en la que influye también el nivel educativo) y es la llamada “ley de los cuidados inversos” que explica que solemos ayudar más a la persona que menos cuidado necesita, por simpatía o cercanía hacia nosotros.

Así, si una persona entiende mejor al médico por su alto, o medio, nivel educativo recibirá una atención de más calidad y personalizada (aviso para educadoras, esto también se nos puede aplicar). Hay que luchar contra estos impulsos puesto que la persona menos “culta” quizá tenga más dolencias, condiciones de vida más duras y, por tanto, una salud más deteriorada, que necesita de nuestra atención.

Es así que la medicina comunitaria se ocupa de los condicionantes socioeconómicos que afectan a la salud de esa persona.

Los médicos deberían hacer curiosas recetas al modo de Roseto: pasear más, ver más amigos, tener algún hobbie, hacer algo por la comunidad, o tomarse un baño relajante podrían empezar a aparecer como consejos de salud y no solo las pastillas. España, nos cuenta Antonio, es el segundo país en consumo de medicamentos del mundo en proporción, por debajo solo de Estados Unidos.

Se llama “sobremedicación” y es un peligro creciente en nuestras sociedades, que, además, no soluciona nuestras dolencias o problemas de salud. Podríamos decir que buscando una mejor salud comunitaria (invirtiendo en educación, áreas verdes, actividades colectivas etc) tendremos finalmente una mejor salud individual de los integrantes de la comunidad, tal y como ocurría en Roseto.

Durante toda la charla varias tejedoras demostramos que pueden unirse a una actividad comunitaria y artística todas las personas que quieran, estuvimos tejiendo y repartiendo trípticos con nuestra información y contacto.

¡¡Además de pasarlo bien mejorarás tu salud y la de la comunidad!

 

 

Para finalizar la exposición Antonio nos propone un juego del trivial para repasar los principales conceptos que hemos visto a través de nuestros móviles. ¡¡Sin duda una buena forma de sana competición!!

Y nos recuerda que no solo son “bonitas ideas”, sino que en el año 2009 el Premio Nobel de Medicina recayó sobre dos investigadoras y un investigador por un importante descubrimiento que nos dice que la modificación del código epigenético sí es posible y que, de esa manera, con hábitos y condiciones comunitarias de salud favorables, reforzamos nuestro código genético invariable frente a posibles “ataques”.

Muchas gracias a Antonio, a Eva de Grafos, y a las personas que asistieron,

Tejiendo Colmenarejo

 

 

Si queréis saber más:

https://caminosquenollevanaroma.wordpress.com/2011/04/05/en-roseto-pennsylvania-solo-se-mueren-de-viejos/

http://www.medicina-antienvejecimiento.net/todos-los-articulos/el-premio-nobel-de-fisiologia-o-medicina-2009

1 Comment

  1. Desde luego q así es…..estamos en una sociedad en la q nos encontramos muy solos….necesitamos hablar con la gente,escuchar a los demás CREAR COMUNIDAD…..Muy interesante . Muchas gracias

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